Manolo Millares, rebelde

FAP CUENCA -

El Centro de Arte Contemporáneo de Cuenca presenta, el  2 de octubre de 2026, una de las exposiciones más esperadas de año, Manolo Millares, Rebelde. Muestra conmemorativa realizada con motivo del Centenario del nacimiento de Manolo Millares Sall (Las Palmas de Gran Canaria, 1926-Madrid, 1972), comisariada por Alfonso de la Torre, y  que ha sido posible gracias a la Familia Millares-Escobio. 

Además, el mismo día de la inauguración de la exposición, tendrá lugar la presentación de una triple edición que se ha realizado en conmemoración del Centenario.

En este 2026, centenario del nacimiento de Manolo Millares (Las Palmas de Gran Canaria, 1926-Madrid, 1972), artista canario y conquense, la exposición MANOLO MILLARES, REBELDE quiere mostrar aquel carácter de rebeldía que constituyó la vida, pensamiento y obra del pintor.

En palabras de su comisario, Alfonso de la Torre, la exposición debe comprenderse como la mostración de un reino intermedio entre la gran Sala Millares de esta Fundación Antonio Pérez, que sin dudarlo les espera unos pasos arriba, y la exposición que, hace dos años, conmemoraba también aquí los cincuenta años de su muerte.   Esta última revisó la trayectoria del artista desde los años cincuenta hasta su temprano acceso a la abstracción circa 1957.

Ahora, la exposición en esta Fundación, devenida verdadero museo millaresco, muestra, en la capilla y en las salas de exposiciones inferiores, esas obras que, como los “Artefactos” y “Objetos” o los dibujos de la “Serie Mussolini”, aquí la dibujística negada fueron decididamente contestarias y, en ese sentido, políticas.

Pues quedó Millares rebelado contra su tiempo, resuelto frente a su entorno, en franca oposición al peso de la historia, irónico sobre su nacimiento en plenos carnavales, él que tomaba la vida tan en serio, discutiendo algunas premisas familiares entre ellas, dirá en sus “Memorias”, el “lío de implicaciones genéticas” o venir de un verdadero “potaje familiar”.  Infante en el exilio lanzaroteño, hasta el inicio de su evocación vital no puede ser más a la contra.  Había nacido en carnavales, “una simpática ironía”, si bien ello “no me dio lo que se dice un carácter muy divertido”, aunque a ello cooperó “la aporreada vida”.   “Punto y aparte”, concluye ese primer párrafo.   Ejerciente de la irreverencia: sus fotos en el rastro con casulla, crucificado en la fiesta de La Rama, hippie con Elvireta.

Cuestionando el paso de los seres humanos por el tiempo que les había tocado vivir, vapuleados hasta devenir homúnculos, sombrajos de la redención humana dirá, empuñando su dolor en el siglo XX, cuestionando la paz civil de aquel tiempo infausto donde crecieron los “mutilados de paz”.   Hasta entonando de forma permanente la duda sobre su propio ser en un siglo XX que fue el siglo del nihilismo, empero, en ese contexto, a Millares le constituyó una esencia de rebeldía.

Algo que, además del pensamiento, tenía que ver con las formas plásticas, agujeros en la piel de la pintura, tajos en la sarga, destrucción y construcción, pues negaba la tercera dimensión que calificaba de “ficticia”: “No admito la tercera dimensión ficticia, óptica, pero sí una dimensión auténtica, material”.    Tal puede contemplarse en estas salas de exposiciones, en ciertos de sus dibujos parecía encontrarse con Artaud o Michaux: eran esas escrituras negadas.   Al tiempo que su acceso a la modernidad sucedía desde las vanguardias anteriores a la guerra civil, pero también, el reloj más atrás aún, desde la plástica y sígnica aborigen canaria.

Como aquel Oscar Wilde de “De Profundis”, Millares pareció mostrar la vida como un lugar en donde, pudiendo reinar la belleza, el dolor tuviese también un lugar propio: “quizás esté llamado a enseñarte una cosa infinitamente más bella: el valor y la hermosura del dolor”.   Caminando sobre lo negro de la historia o de la vida desde aquel sentimiento trágico de una España fatal, son las palabras de su amigo el poeta José-Augusto França, que dedicó a Elvireta Escobio en 2004.

Arremetió especialmente en sus dibujos, irreverente contra los curas que pintó en connivencia con Antonio Pérez (presidieron el “altar” de esta capilla) o la Inquisición [evoquemos las carpetas “Auto de fe” (1967) y “Torquemada” (1970)].   Luego homenajes o revisitaciones: al miliciano de Capa, al guerrillero muerto, a las vanitas: Felipe II o el sueño del príncipe.   Empuñando pinceles y la daga de la obra artística combatió contra el fascismo, simbolizado en los Mussolini, colgados de la pérgola milanesa.  Es el artista que ya en Canarias exclama en sus obras a favor del “Arte Nuevo”, quien luego contraconmemora los fastos franquistas en los “Artefactos para la paz” (1964), año de evocación de los “Mutilados de paz”, homenaje a su padre, el primer mutilado de paz que conoció.

Millares fue amigo y cómplice de Antonio Pérez, compartidas aventuras parisinas en “Ruedo Ibérico”.   Rebeldía y rabia, mostradas desde aquel su primer escrito, mas lanzadas hasta el paroxismo en su póstumo: “Memoria de una excavación urbana”, que ahora reeditamos, todo él resulta rebeldía y rabia.

Aquí pensamos con Alain Badiou cuando escribe en su libro homónimo que el siglo XX se obsesiona con la idea de cambiar al hombre, hacerlo nuevo, lo cual conlleva a exigir la destrucción del viejo, “convengamos, que el siglo ha sido la ocasión de vastos crímenes”.  Siglo mío, bestia mía, es Óssip Mandelstam.

La exposición Manolo Millares, Rebelde, comisariada por Alfonso de la Torre, se podrá visitar desde el 2 octubre de 2026 hasta el 24 de enero de 2027 , en las salas temporales  de la Fundación Antonio Pérez de Cuenca.

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