14 de marzo- 13 de abril 2003

Centro de Arte Contemporáneo / Cuenca


No cabe duda, que estas pinturas de fulgor añil tienen mucho de romántica ( de paisajismo por aquí y por allá, romántico, sublime) en sus insinuaciones de rocas escarpadas, de torrenteras, de angosturas quebradas sobre las que cae la niebla del atardecer. Tienen como siempre y por tanto, mundo, alusión al mundo, emoción al mundo, sin significar con ello que resulten forzosamente evasiones ilusorias de la propia condición. Porque ese mundo es cierto que se ha hecho más sutil, más épico, más detenido, más contemplativo y desde luego, más chino. Más chinamente- que es una manera occidental de ser- poético y pictórico, como bañado por las aguas que corren entre las estrechas gargantas del gran Río Azul.

Es tal la sutileza de estas pinturas que, en realidad, en ellas no llegamos a ver nada; no es la visión, el ver, el distinguir, su conclusión última.

Fragmento del texto para el catálogo de la exposición, Rio Azul, Carta a Diego Moya en el verano del 98 de Enrique Andrés Ruiz.

 

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Fotografía Santiago Torralba. Archivo FAP

 

Para saber más

https://www.diegomoya.org/

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Fotografía Santiago Torralba. Archivo FAP

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