Los rojos, azules y ocres, característicos de las obras del mejicano Bosco Sodi, han inundado este fin de semana gran parte de la Fundación Antonio Pérez (FAP) de la capital conquense al abrir sus puertas la exposición titulada ¿En el camino. The road traveled¿. Inauguración que tenía lugar la tarde del sábado a cargo del diputado provincial de Cultura, Francisco Javier Doménech, quien estuvo acompañado del propio artista, recién llegado de Nueva York; los comisarios de la muestra, Irene Cábez e Ignacio Muñoz; y el director del Centro de Arte Contemporáneo, Cirilo Novillo.

Doménech ha destacado la importancia de esta exposición, a la vez que ha agradecido su presencia en Cuenca de Bosco Sodi. Agradecimiento que ha hecho extensivo a uno de los comisarios de esta exposición retrospectiva, el conquense Ignacio Muñoz, puesto que su colaboración ha sido imprescindible para hacer realidad esta muestra. De hecho, el diputado ha ido más allá, deseando que ésta sea la primera de otras muchas colaboraciones más.

 

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Un total de 51 obras del reconocido artista mejiano están expuestas en la FAP, ubicándose las de gran formato, sobre todo en la antigua iglesia del Convento de Carmelitas, aunque también haya alguna más en las tres salas de la planta baja del Centro de Arte Contemporáneo, donde predominan las de pequeño formato. La colección colgada en Cuenca reúne obras de técnica mixta sobre diferentes soportes, que van desde tela y cartón hasta roca volcánica y zacate.

Obras caracterizadas por su monocromatismo, dominado, sobre todo, por el rojo, comparable, según algunos críticos, ¿al famoso azul de Yves Klein¿, aunque también tiene su espacio el azul y el ocre. Sus telas, densamente incrustadas de relieves y pintura, surgen de la acumulación de pigmentos, serrín, pulpa de madera, fibras naturales y cola. Sodi descubre cuánto hay de interesante en lo efímero y lo imperfecto y acepta lo que el azar o la suerte le deparan. Mediante una serie de acciones consecutivas, sucesivas e irrepetibles, llega a cada obra como al final de un viaje. Por ello cada cuadro es único, con una singularidad paralela a la ausencia de dobles en la naturaleza.

Y es que Bosco Sodi (México, 1970) es conocido por sus pinturas de gran formato, inmediatamente reconocibles por su vigorosa textura y vívidos colores. Sodi ha descubierto un poder emotivo en la tosca esencialidad de los materiales con los que realiza sus obras. Centrándose en la exploración de la materia, el gesto creativo y la conexión espiritual que se establece entre el artista y su obra, Sodi busca trascender las barreras de lo conceptual.

Muchos de sus trabajos no llevan título, a fin de eliminar cualquier predisposición o conexión que vaya más allá de la existencia inmediata de la obra. La pintura se convierte así en una memoria, en una reliquia simbólica del diálogo con la materia prima que dio lugar a su creación como objeto artístico.

Por lo tanto, conquenses y visitantes tienen hasta el próximo 17 de julio la oportunidad de disfrutar de la obra de este internacional artista, en el que confluyen desde influencias del arte informal de Antoni Tàpies o Jean Dubuffet hasta de maestros del color como Willem de Kooining, Mark Rothko o las brillantes tonalidades de su tierra natal.

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